miércoles, 9 de junio de 2010

Si usé el verbo "mirar" mil veces es porque me pareció apropiado.

Tenía que tomarme el subte. Algo fulero para hacer a las 5 de la tarde, pero no había mucha mas opción para llegar en media hora desde el obelisco hasta Villa Urquiza. Encima el B viene hasta las manos, siempre muy cargado.

Subí a los empujones y traté de irme hacia el medio del pasillo, entre los asientos, ahí es donde menos incómodo se viaja. La gente siempre se queda cerca de las puertas, como si todos fueran a bajar en la próxima estación, o temiendo que el vagón se incendie y haya que desalojarlo rapidito, vaya uno a saber... Me deslicé entre espaldas y panzas y llegué mas o menos al punto medio entre 2 puertas. "¡Ahora que los demás se empujen para subir o bajar!", pensé. Puse la mochila en el piso, me colgué del caño mas alto y apoyé mi cabeza en la parte interna de mi codo derecho. Levanté un poco la vista... y la veo. No es que fuera demasiado linda, pero me estaba mirando, y eso suma. Tampoco podía verla demasiado, el vagón estaba lleno y apenas veía su cara entre brazos ajenos.

Pasaban las estaciones y cada tanto la miraba. En alguna ocasión la sorprendí mirándome, pero bajaba su mirada rápidamente, o miraba al otro costado. Recién al pasar la estación Pueyrredón el vagón quedó algo mas despejado, inclusive ella consiguió sentarse al lado de la puerta central. Seguí mirándola, y seguí sorprendiéndola con su mirada en mi... pero me dí cuenta que cuando miraba al otro lado era para mirar a "otro". Entre la puerta central y la otra puerta lateral había un "otro". Morocho, con campera de cuero, también había logrado sentarse, cosa que yo no. El la miraba, ella lo miraba y me miraba y miraba el piso, y yo lo miré y el me miró y se río. "Hijo de puta, este me la quiere zarpar! Si yo la ví primero...".

Y seguí mirándola... y seguí mirándolo... y ella nos miraba... y el nos miraba. La mirada del otro hacia mi era desafiante, como diciéndome "a ver si tenés huevos para encarártela acá, que yo bajo y me le tiro encima". Pero yo solo la miraba, era bastante linda, no estaba mal. Y seguían las miradas triangulares a medida que pasaban las estaciones. Llegamos a Tronador y ella bajó. La seguí con la mirada al bajar hasta que choqué con la de el, que seguía sonriendome. "Contento, pelotudo? Si vos tampoco te la ganaste! Te conformás con el empate?", pensé. Y bueno, faltaba una estación para el final del recorrido, lo miré un par de veces con un dejo de bronca al flaco este en cuestión y, cuando el vagón empezó a entrar al andén, me levanté y enfilé hacia la puerta del medio. Lo mismo hizo el otro. Quedamos codo a codo a segundos de la detención del subte. Fué ahí cuando lo miré de costado al boludo este de forma despectiva, y el emuló cual espejo mi movimiento. Se frenó el subte, se abrió la puerta y cuando me dispuse a dar el primer paso el otro me dice...

"Y? Me vas a decir como te llamás o no?"

4 comentarios:

  1. Esaaaaa!!! Qué levante Santo!!! Seguro que te habías atado la media cola como te sugerí! JAJAJA
    Besos!!!

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  2. Jajajjaja! Nah, pancha... me he levantado algún q otro masculino alguna vez pero esto nunca pasó! :-P

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  3. Pablo (Pablo Futbol Club)17 de junio de 2010 a las 10:36

    Salió muy: La miré, me miró, nos miramos. Pero lo remataste perfecto!
    A veces es un lio los sinónimos, por eso ¡Aguante el Word!:
    Entre la gente, alguien me llamó la atención, subrepticiamente me tiró vistazo letal, observándome con el rabillo del ojo, mientras el vagón era testigo del duelo mudo.
    Me la comía con la vista tratando de no perderla de vista entre la gente, estando a la mira de ver adonde bajaba…
    (y viva la tecla F11…)

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  4. Lo q pasa es q ver y mirar no es lo mismo, y mucho menos percibir. Es como la diferencia entre querer, amar y estar caliente, viteh?

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