Había una vez una esponja que absorvía todo lo que en su camino se interponía. Enseñanzas, modales, costumbres, absorvía todo.
Por otro lado, había una sartén de teflón que era completamente impermeable y antiadherente. Cual cosa que se le presentara resbalaba por ella, no le quedaba nada de nada, era duuura-duuuura-duuuuura.
La esponja iba caminando por el bosque distraídamente, mirando pajarillos, honguillos y demás illos, sin tener en cuenta que unos metros adelante estaba la sartén de teflón al fuego, muy caliente, casi incandescente. La esponja siguió su camino hasta que, sin darse cuentaaaa... cayó en el teflón! Lentamente la esponja se fué derritiendo en el teflón, perdiendo así su forma y, peor aún, su habitual absorvencia. Mientras, el teflón pegoteado en ese plástico fundido que terminó siendo la esponja, perdió totalmente su impeabilidad y antiadherencia.
Moraleja: si ponés un pedazo de gomaespuma arriba de una sartén caliente se te va a derretir y hacer mierda todo, aparte de que va a largar un olor nauseabundo.
lunes, 19 de abril de 2010
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