jueves, 8 de abril de 2010

Una mala y dos buenas en Punta Rana

LA MALA:


Todo el pueblo lamenta el fallecimiento de la abuela de la Mirtita. Así es, la dueña y encargada del prostíbulo local falleció a los 78 años aparentemente víctima de un cancer rectal que se le fué expandiendo hacia adentro por razones vinculadas a su actividad.

La abuela de la Mirtita fué encontrada por un cliente que concurría frecuentemente a su establecimiento tirada en el piso del bolichón estando, para su sorpresa, vestida. Esto llamó la atención del comenzal (porque, al fin y al cabo, eso era ya que iba a comerse a la vieja) y dió aviso a la comisaría del poblado vecino de General Larrrroncha, pero allá no les importó mucho el asunto.

Luego de una rápida juntada entre tres o cuatro vecinos del pueblo, se resolvió que lo mejor era trasladarla a cocochito hasta el Hospital General de Agudos, Graves y Esdrújulos de otro poblado lindero, en este caso Intendente Carlos Vanesa Della Lora. Allí fué vista por el médico de guardia, que diagnosticó una "muerte irreversible" y determinó el cancer rectal a simple vista, sin quitarle la ropa a la anciana.

Tras dudar de la veracidad de la determinación del médico, en Punta Rana decidieron hacerle una autopsia. El encargado de realizarla fué el "manco" Morcilla, el carnicero. Sus palabras resumen todo: "Algo tenía la donia en la parte de atroden del toor, y le llegaba hasta la garganta maomeno. Pero lo único seguro e´ que tenemo´ chinchuline´ pa do´ o tre´ mese´." Como en el pueblo no hay heladeras (o si, hay una, pero como no hay luz es lo mismo que nada), se decidió que los chinchulines debían ser consumidos en la despedida de la abuela de la Mirtita. Y eso fué lo que sucedió, gran chichulineada gran para todos mientras el cuerpo de la veterana era arrojado, como se acostumbrará hacer a partir de esta, la primera muerte del pueblo, a las aguas del Río de la Plata para que complete la cadena alimentaria.



LAS BUENAS


La abuela de la Mirtita era precavida, se sabía vieja y dejó determinado que sus herederos sean sus 2 bisnietos. Así es como los sobrinos de la Mirtita heredaron el salón de 2 pisos, y decidieron que la sobrina se quedara con la planta baja y el sobrino con la alta.


En la planta alta el sobrino de la Mirtita seguirá con la actividad que desarrollaba su bisabuela. Con una escalera de obra que va de la vereda a la ventana, el prostíbulo "Limale el buje al sobrino de la Mirtita" va a dar que hablar. "Nunca supe que es lo que el hombre le vé a la mujer. He estado como diez veces con mi bisabuela y nunca lo disfruté, no entiendo..." dijo el muchacho. Si bien el boliche ha arrancado con gran éxito, los máximos problemas radican en que a algunos lugareños se les hace complicado subir sus ovejas por la escalera en cuestión y que algunos niños tienen las piernas demasiado cortas para los largos escalones.

En la planta baja la sobrina de la Mirtita, con el poder que le dá el saber distinguir la G de la X, abrió la primera inmobiliaria de la zona. La nombró "Te vendo un rancho, guacho!" y promete ser un boom, mas que nada por la precaria instalación de gas que se hizo en la cocina. Aún no tiene terrenos en venta, pero dice que la demanda es impactante. "La semana pasada una vecina vino a consultar por un terreno. Al irse se tropezó con el escalón de la puerta y me demandó. Me quiere sacar como diez mil pesos!" y concluyó diciendo "Cuando me la cruce le voy a poner un ñoqui como para que tenga hasta el 29 de noviembre del 2005".

Así es Punta Rana, una ciudad fuera del tiempo.

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